martes, 27 de septiembre de 2016

Nana de Tela. La vida tejida de Louise Bourgeois



Amy Novesky e Isabelle Arsenault
Nana de tela. La vida tejida de Louise Bourgeois
Cloth lullaby. The woven life of Louise Bourgeois
Traducción: Pilar Adón
La Pequeña Impedimenta, Impedimenta, 2016

Una infancia y juventud entre los telares y los tejidos de la madre y observando las constelaciones desde un jardín lleno de flores llenó la cabeza de Louise Bourgeois (1911-2010) de imágenes, de colores y de formas. Aprendió a tejer, a restaurar y a teñir en el taller de su madre Josephine, sufrió mucho con la tiranía de su padre, mujeriego e impredecible, y estudió Matemáticas y Geometría en La Sorbona, materias que abandonó para dedicarse al estudio del Arte. Entre los aprendizajes juveniles, las enseñanzas docentes y culturales en París y la relación con su padre, comenzaron a surgir de sus manos y de su inspiración distintas obras que tenían los tejidos como un material importante en su desarrollo. Aunque pronto comenzó a esculpir, experimentando con muy diferentes materiales, tanto por su esencia, madera, metal, plástico, como por su origen, en muchas ocasiones, procedentes de la vida cotidiana y fijó su residencia en Nueva York, lugar donde se codearía con la crema y nata de los artistas contemporáneos más fulgurantes de la época, formando parte del American Abstract Artists Group. Con el tiempo, Bourgeois se convertiría en una de las artistas más singulares del siglo XX, tremendamente conocida por sus Maman, arañas gigantes realizadas con distintos materiales, bronce, acero, mármol... que comenzaron a poblar espacios en las ciudades más culturales del mundo. Una de ellas es muy conocida en nuestro país puesto que da la bienvenida a todos los que visiten el museo Guggenheim de Bilbao.
El libro ilustrado Nana de tela es la recreación de la vida de Louise Bourgeois con un texto realmente poético escrito por la estadounidense Amy Novesky que ha sido bellamente ilustrado por la canadiense Isabelle Arsenault. Con una serie de páginas compuestas de forma muy especial, casi como si se tratara de un intrincado telar de los que restauraba Louise de niña, Arsenault da vida y color a las palabras emotivas y algo melancólicas que narran la historia de esta artista inquieta y desgarrada, de esta mujer fuerte y delicada que puso hilos con texturas muy diferentes para trenzar sus dolores y sus sensaciones vitales, pasados y presentes y convertir su arte en “su manera de sanar”.


Nana de tela es, también, una bonita y muy artística manera de entrar en la biografía de esta artista tan especial, una manera muy sugerente de incitar a los más pequeños a penetrar poco a poco en el terreno de la creación artística, a estimular sus creatividades y a demostrar que el arte se construye poco a poco sin necesidad de detenerse en convenciones formales, en academicismos y para el que todo el universo puede servir como fuente de inspiración.

Puedes leer las primeras páginas de Nana de tela pinchando aquí.
Puedes ver el documental Louise Bourgeois, une vie, realizado por Camille Guichard en 1993 pinchando aquí.

lunes, 26 de septiembre de 2016

El canto gregoriano en el Camino de Santiago



Coro de Monjes de Santo Domingo de Silos
El canto gregoriano en el Camino de Santiago
Director: Ismael Fernández de la Cuesta
2 cds. Warner, 2016

Que el Camino de Santiago es algo mundialmente famoso nadie lo pone en duda. Muchos acuden a sus senderos a invertir su tiempo de vacaciones de manera diferente a la comúnmente entendida como turística. Los hay que lo entienden como un reto personal, recorriendo kilómetros y kilómetros para llegar (o no) a la meta final, la Catedral de Santiago de Compostela. Hay quienes se sirven de los albergues que jalonan el camino como una manera de pasar unas vacaciones baratas con la posibilidad de conocer a mucha de la gente que por ellas transita.
No obstante, entre la gran cantidad de gente que discurre por el Camino, hay muchos que lo recorren como un acto de fe, por sus creencias religiosas y con un sentido muy espiritual de la ruta para llegar al fin al sepulcro del Apóstol Santiago, que es, en suma, el origen de esta ruta y lo que la justifica. El recorrido (o los recorridos, pues son muchos los caminos que llevan a Santiago) pasa por infinidad de lugares abarrotados de ermitas románicas, de monasterios, de puentes de piedra, de cultura antigua, que es, también, otro de los argumentos para recorrerlo.

Al finalizar la etapa 21 del Camino de la Lana, que parte de Alicante y se une al Camino Francés en Burgos, se llega a Santo Domingo de Silos, población burgalesa que acoge uno de los monasterios más famosos del país, una abadía benedictina cuyo origen se remonta al siglo VII.
En dicho recinto se encuentra una de las formaciones musicales más famosas, el Coro de Monjes del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Así, si unimos los argumentos del Camino –peregrinos, cultura, fe, encuentros...–, podemos crear un documento al que solo le falta la banda sonora que lo convierta en una película vital que puede conformar una gran experiencia para muchos.
Ismael Fernandez de la Cuesta, musicólogo e intérprete, ha estudiado detenidamente el Códice Calixtino, el testimonio escrito más fiel a la liturgia del Camino de Santiago, un manuscrito copiado a mediados del siglo XII que sirvió de pauta o guía a los peregrinos de la época y que actualmente se conserva en la Catedral de Santiago. De él ha recopilado una serie de cantos del mismo repertorio sacro al que ha unido otros de la liturgia hispánica visigótica y del Antifonario mozárabe para que fueran interpretadas por el Coro del monasterio que, a la sazón, él mismo dirigía en el momento de las grabaciones. Una oportunidad para acercarse a la espiritualidad a la que puede acercar el Camino de Santiago (para quien la busque) o, simplemente, a la belleza misma de la música. Una música, el gregoriano, que, como bien apunta Fernández de la Cuesta, hoy escuchamos modificado por la reforma impulsada por el catolicismo romántico del siglo XIX, “lo que no invalida la propiedad histórica y arqueológica de este canto milenario, ni su calidad artística, cuando está bien cantado”.

Puedes escuchar el trailer de esta recopilación pinchando aquí.

martes, 20 de septiembre de 2016

Las efímeras

Pilar Adón

Pilar Adón
Las efímeras
Galaxia Gutemberg, 2015

Opresiva, enfermiza, oscura, misteriosa... Como si fuesen los de un cuento clásico, los personajes de Las efímeras viven en un bosque inquietante, en casas muy particulares, viviendas que, como las de los cuentos, tiene su propia personalidad, con sus extraños patios, sus árboles amenazadores y sus espacios secretos; con unos caminos intrincados que unen unas con otras atravesando laberintos entre la espesura y por entre lo siniestro de las sombras.
La madrileña Pilar Adón nos deslumbra oscureciéndonos el ánimo con una narración con tintes psicológicos, quizás hasta fantásticos, nada amables, que viaja a los terrenos de la dominación y de la dependencia. Los protagonistas son como esos insectos que dan nombre al título, las efímeras, el orden más antiguo de los alados, que se extiende por todo el planeta, y que resulta una metáfora de un modo de vida ancestral y universal, de la subordinación de unos al poder de los otros, de las relaciones que nutren a algunos para dirigir las debilidades de muchos. Efímera tiene también otro significado, procedente también del nombre del insecto (que, en ocasiones, vive menos de un día), y es el de algo que tiene poca duración, poco recorrido, que es pasajero.
Fugaz y frágil como las relaciones de Dora y Violeta, dos hermanas que viven aisladas en una extraña casa en el centro del bosque, con una de ellas, Dora, dominando emocional y vitalmente a la otra, dirigiendo tanto sus comportamientos como casi sus pensamientos. Y esto se sostiene en un equilibrio tan delicado como esos insectos primigenios. Hasta que un día, un joven huidizo con un turbio pasado se acerca a una de las hermanas, a Violeta, prisionera de la otra, y la atrae hasta que esta decide romper las cadenas que la atan a ese modo de vivir y huye al bosque para encontrarse con el muchacho.
El conflicto (si es que no lo había antes) se desencadena y en él se entrepone Anita, una mujer que parece organizar todo lo que se mueve por esta extraña comunidad, como la reina de la colmena que gobierna y dirige. Porque los personajes se comportan como si de una colmena se tratase, recordando, como atestigua la escritora, a La Ruche (la colmena), una escuela libertaria francesa, que existió entre 1904 y 1917, laica y autogestionada, y que pretendió funcionar como una cooperativa. Pero aunque en esta escuela de hace un siglo cualquier tipo de gobernanza estaba prohibido, en la novela de Adón las relaciones de poder de unos sobre otros están a la orden del día...
...del día lluvioso, gris, casi entre tinieblas, oscurecido por la imponente presencia del bosque, de los árboles y de los intrincados senderos que hay entre ellos. Como en los cuentos clásicos, la naturaleza se convierte en la verdadera protagonista, atenazando sin piedad la vida de los que se mueven en esta comuna cerrada y enferma, dominándolo todo con un abrazo lleno de ramas, de humedad, de insectos y de sombras. Una narración absorbente y asfixiante, con una riqueza expresiva fascinante en la que los personajes son tanto menos importantes como lo es la atmósfera generada por la sucesión de los acontecimientos y por esa pesada presencia del bosque, de la naturaleza más salvaje y terrible sobre la estrecha vida que entre sus espacios discurre.
Pilar Adón es autora de varios poemarios y de distintas narraciones, entre ellas El mes más cruel (Impedimenta, 2010) y Viajes inocentes (Páginas de espuma, 2005), que se hizo con el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2005. Y, sin duda, siente una gran fascinación con el mundo del bosque, como parecen atestiguarlo algunas traducciones que ha hecho, en donde la presencia, la atracción, la magia y el misterio de los bosques están muy presentes: El árbol, el fabuloso ensayo de John Fowles o Picnic en Hanging Rock, la inquietante novela de la australiana Joan Lindsay, ambos publicados en Impedimenta y de los que hemos dado reseña en estas páginas.
El bosque, siempre el bosque...

Puedes leer las primeras páginas de Las efímeras pinchando aquí.